Es tiempo de hacer de la migración una oportunidad

Mis padres emigraron de Marruecos a Granada para iniciar sus estudios siendo muy jóvenes. Mi madre estudió anatomía patológica y mi padre ciencias físicas. Su contexto y recorrido han sido distintos, y también sus desafíos. Gracias a ello, soy parte del 10% de hijos de migrantes que tienen un acceso relativo a las mismas oportunidades que los españoles. Por eso, ni ellos ni yo podemos leernos en un relato que nos reduce a las urgencias palpitantes que la ilegalidad alimenta.

Pero sí que podemos sentirnos identificados cuando la búsqueda de empleo es un ciclo humillante cargado de sesgos y rechazos, cuando en los procesos de selección prima un nivel de idioma de academia sobre la cualificación, o cuando las experiencias no convalidadas son omitidas.

Es una vulnerabilidad distinta, sistémica, que aplasta el potencial de la diversidad multiétnica y multicultural para contribuir al impulso económico y social de España, para crecer incorporando los conocimientos globales que aportan nuevos residentes, para crear vínculos con sus lugares de origen y abrir nuevos nichos, nuevas economías y forjar nuevas comunidades.Es tiempo de ver a los migrantes más allá de sus papeles

Por diversas razones, el relato dominante de la migración en España defiende la idea de que todo comienza sobre los márgenes del NIE, aunque una vez expedido, sean necesarios otros engranajes, como la participación en la cultura, la ciencia, el emprendimiento o el deporte. Y ahí es donde termina por reforzar el imaginario de que hay cuestiones de ser migrante que son sencillamente irresolubles. Es un coto a la esperanza que solo puede transformarse si abrimos espacio a la oportunidad.

En su ensayo El peligro de la historia única, la autora nigeriana –y también emigrante– Chimamanda Ngozi escribió: “El poder es la capacidad no solo de contar la historia del otro, sino de hacer que esa sea la historia definitiva”.

Es tiempo de hacer de la migración una oportunidad para el avance, la innovación y la competitividad. De repensar la ciudadanía como un conjunto de derechos que no caducan ni se restringen aunque el suelo bajo los pies sea diferente, una ciudadanía nómada, itinerante y adaptable, más coherente con la economía del siglo XXI. Es tiempo de ver a los migrantes más allá de sus papeles, y entender que abrirles la puerta requiere de mucho más que cambiar un apellido.

Rate this post